aviso al lector

Cada una de las historias y anécdotas que encontrará en este blog son producto de una mente perversa y sobre-dopada. Los lugares, como los nombres o las expresiones son ficticios y ningún parecido con la realidad debe ser tomado en cuenta.

Si, bajo su propia responsabilidad y criterio, decide creerlas, ... ¡eso que se lleva!

lunes, 18 de abril de 2011

te quiero

Parece que fue ayer y desde entonces, ha pasado tanto..

Tantos días, repletos de horas, de instantes y anécdotas, buenas y malas, tuyas, mías y nuestras.

No te tomé en serio y no creí en nada de lo que pudieras ofrecerme.
No me dejaba llevar por el deseo, ni por la inapetencia, ni por las sinergias, ni mucho menos por las casualidades. Y ha pasado un año.

No me calabas, no me llenabas, no me convencías, ni te creía. Eramos distintos, como ahora.
No confiabas en mi, ni yo en tus ojos. No tenías valor para tocarme ni yo para dejarte hacerlo..
..y ha pasado un año y muchas cosas más.

Sólo me divertía, sólo intentaba escapar y alejarme de lo que ya nada me ofrecía y te encontré o tropezamos. Y me enamoré o nos suicidamos.

Parece mentira que hayamos olvidado todo lo anterior. Que un vendaval haya barrido con algunos miedos, para dejar paso a otros, que se haya llevado recuerdos de todas las naturalezas y orígenes y sólo estés tú.

Hoy no es nuestro mejor día, después de muchos días malos en un año.
No es el mejor día, pero no es el último.
Nos queda mucho que discutir, muchas diferencias nuevas que encontrar y otras que reforzar.
Que la vida no es rosa, ni el amor carece de espinas.
Que los cariños se notan en otras cosas y no me resigno a hacer caso de lo que digan.
Que no somos perfectos, pero así más me gustas, más te me apeteces, en tantas cosas.
Mucho calor, mucho aroma a nosotros. Mucho por venir. Tantos años más.

lunes, 14 de febrero de 2011

Gente

Una vez conocí a una mujer a la que creí que ya conocía.

Oí hablar muchas veces de ella y llegué a creer cuanto dijeron. Parecía injusta, descarada y un poco ignorante. Parecía violenta e irresponsable. Parecía mala mujer y peor madre.

Pero un día tuve la oportunidad de conocer a una mujer de la que no me contaron la verdad.
Al mirarla, descubrí tanto miedo en sus ojos esquivos como en su voz. Apenas era capaz de articular palabra, tartamudeaba ante mis preguntas, pero sonreía sincera.

Al oirla, aprendí que es tan valiente como sabia. Ha superado con matricula de honor las evaluaciones de la vida. Quizá no lo sabe todo, quizá ha tropezado. Tal vez, huyó cuando debía pelear y sólo pensó en su piel y su corazón, pero es fuerte y aguerrida.

Siento creer que lo sé todo. Siento haber dudado un sólo momento que no quedaba nada por descubrir. Menos mal que no es tarde para acoger a desconocidos y conocerlos, "descoserlos", desnudarlos y guardarlos dentro.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Vuelven, por Navidad.

¡Quién diría que el familiar anuncio poseía tal carga significativa...!

¿Conocéis esa sensación de quedarse helado, sin que las temperaturas desciendan demasiado?
Parece que el tiempo se hubiera detenido desde unos meses a esta parte... Ha pasado volando, ha barrido de un soplido todo cuando nos ha acontecido. Supongo que en algo influye el estado de embobe en que me encuentro. Estoy enamorada y, por una vez, es culpa de un sólo hombre. El caso es que no han corrido en mi conciencia los mismos minutos que en el reloj y de pronto ya es Navidad, como hace tan poquitos días, como todavía recuerdo a la perfección. Recuerdo el olor de los postres de mamá, recuerdo la rutina, las visitas a la familia y la familia que nos viene a visitar. Parece que fue ayer cuando preparaba la mesa, ahorraba para regalos y me erizaba la piel el miedo a recordar.

Así es la Navidad. No hay más opción que recordar.

El calendario me ha dado una ínfima tregua y, una vez más, veo desde el tren cómo el río se desborda y nos roza al pasar. Del mismo modo, me desborda la emoción porque este año es mi abuela la que se apaga, se consume como las velas que mi madre, tímidamente, coloca en el salón, a modo de decoración. Tampoco a ella le gusta estas fechas. Se vuelve a marcar el mismo reto personal: ser la más fuerte de las personas que conozco, la más positiva de las miradas tristes. Siempre esperamos que el siguiente año sea mejor, que sea más llevadero, que pase rápido y se haga ligero. El 2010 no podía ser menos. De nuevo, luces por todas partes y millones y millones de personas me impiden avanzar por las calles. De nuevo un poco más niños y un poco más viejos. No sé qué le ven a esto del Christmas Time.

Al menos hemos sobrevivido a una fase más de esta crisis, al menos, nos seguimos marcando metas y nacen nuevas ilusiones. Cuánto trabajo por hacer. Cuántas personas que perder. Cuántos amigos por descubrir. Cuántos temores que desmantelar y hogares que soñar. Pensándolo con detenimiento, este no ha sido un mal año. Si la fortuna nos ha abofeteado, con paciencia y amor hemos conseguido reponernos. Se fueron personas demasiado importantes, demasiado queridas, demasiado pronto. Cada día que pasa los recordamos, a los que murieron y a los que se volvieron mudos, sordos y ciegos.

Otros ojos han despertado para provocar sonrisas, para hacernos llorar de alegría. Muchas ideas no parecen las más idóneas al principio, tener un hijo a los 20, sin trabajo, ni idea de cómo cambiar pañales, es un ejemplo. Pero esas mismas ideas llegan a ser la mejor de las noticias si se miran desde el prisma de la razón. Que no hay más razón que la del corazón. ¡Jules, mi nuevo sobrino, nos ha devuelto la esperanza y las ganas de todo, de vivir, de concebir y de subir a un avión!

En 365 días hemos tenido el corazón en vilo por las desgracias y por los premios, por los aplausos y por la incertidumbre del mañana. Nos ha faltado el aire y nos han cubierto de besos. Y sin embargo, aún no me gusta la Navidad. Es el momento en que todo, inevitablemente, vuelve a nosotros, incluso lo que ya no esperábamos.

Hace unos días, me sorprendió un mensaje en mi correo que no deseaba y que, no obstante, veía venir.
"Felicidades, yogurina. Por todo, parece que todo te va muy bien."

Al mensaje siguieron otros y a la conversación puntual, varias ocasiones más para conversar. Como decía, ya no le esperaba. Admito que me he preguntado alguna vez cómo sería volverlo a ver, cómo reaccionaría ante su imagen, su voz o sus palabras. Ahora, cuando menos lo necesito, aprovecha cada ocasión para aparecerse en mi buzón, simplemente, para saludar. Y ya, no me hace falta...

Es una anécdota muy común, ¿verdad? Me ha visto sonreír y quiere participar de ello. Después de mucho silencio, tras haber estado tan, tan, tan lejos, ahora ya no lo quiero cerca.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cajas llenas y cajas vacías.

El otoño ha llegado como debía hacerlo, ha llovido, ha tronado y las hojas de los árboles han vestido las aceras. No hay lugar a dudas, acabó el verano, nos encoge el frío.

Mi personal versión de la estación, además, trajo consigo cambios y, según  mi horóscopo del mes de Octubre, “proyectos y planes a tutti plen que afrontaré con positivismo y energía…” ¡Con lo que me cuesta a mi producir energía con 10 grados menos!

Lo que nació como una intención de futuro, un deseo casi utópico de madurez, tomó fuerza de la noche al día y, sin más dilación, se materializó: “¿Y si nos mudamos a un piso nuevo, dejamos atrás al pornocasero, la misión imposible de aparcar en el centro y creamos un nuevo hogar…? Nuestro pequeña familia de cuatro…”

Hoy me sigue sonando tan pretencioso como entonces, pero ya estamos aquí. Bajo nuestro nuevo techo, en nuestras habitaciones, haciéndonos cargo de nuevas responsabilidades y tareas que, la verdad sea dicha, no podemos afrontar, y que, sin embargo, ha creado a nuestro alrededor cierta sensación de felicidad e ilusión pueril. Esta casa tampoco es nuestra, es más cara, no hay lavavajillas que nos facilite la existencia ni evite discusiones y quedan vestigios de humedades en mi habitación que ya se están haciendo notar en mi salud. Pero todos los gastos son nuestros y corren de nuestro crédito… y eso, insensatamente, nos llena de dicha.

Durante casi dos años he vivido en un piso alquilado, en el centro de la ciudad, a dos pasos de tiendas, locales de ocio, monumentos y todo eso que convierte al casco antiguo, sus angostas calles, sus oscuros callejones, sus edificios ruinosos y peculiares habitantes en “una buena zona”. Hace casi dos años, yo huía de mi Fran, su amante y todo el circo que les acompañaba. A la vez, ansiaba, como todos, oportunidades, sueños y futuro, nuevas salidas y escapadas en la ciudad-marco de mi juventud, esos dorados años de universidad, las fechorías de pseudosoltera o comprometida libertina, mis amigos, mis calles, mis amantes y nuestros escenarios. Este era el lugar en el que mis sueños se hacían realidad y aquel patio andaluz, escondido entre tenebrosos  callejones, rodeado de macetas, niños especialmente ruidosos y algún viejo chalado; parecía el nido ideal en el que volver a empezar, además, por muy buen precio.

Durante casi dos años he compartido con otras personas de distintas procedencias, destinos y variados estilos de vida, aquellos 70metros cuadrados de hogar. Unos iban y venían y otros se quedaban. Para ser más exactos, uno de ellos, el pornojano, era elemento perenne e inalterable. El chico en cuestión, era nada más y nada menos que el propio dueño del inmueble, un hombre joven, apuesto y, tal vez, también inteligente que, como cirujano residente podía, sin problema, vivir tranquilo y solo en su propia casa, pero que prefería compartirla con gentes y culturas distintas que le enriquecieran y aportaran otros puntos de vista

Los variables, aquellos que fueron mis compañeros con fecha de caducidad fueron varios. El primero, Fariñas, un gitano de Cádiz, con arte, simpatía y poco gusto por las tareas domésticas que, para mayor honra, se ganaba la vida cantando en tablaos de aquí y allí.  Sobrevivía recordando a “su mujer”, la gitana 15 más joven que él, con la que discutía vía telefónica hasta altas horas de la madrugada… (cada noche parecía ser la última) y a la que cada mañana (mañana o tarde, el artista amanecía pasado el mediodía) amaba un poco más. Después serían un par de belgas, cada una a su tiempo, por suerte. Chicas tan rubias como lánguidas, como lechosas, como extrañas, como casi simpáticas, como difíciles de soportar. Con dietas imposibles, hábitos de vida insalubres y la mano muy suelta. ¡Cómo disfrutaban con los dulces ajenos! Concretamente, con los que yo atesoraba. Salí ilesa de la experiencia internacionalizadora y también más sabia, o simplemente más vieja. Hoy recuerdo con una sonrisa aquel día en que encontré el salón anegado de guiris, ropa interior usada y platos de macarrones resecos. Mi corazón se detuvo y de mi garganta brotó la verdad: ¡Me cago en el cosmopolitanismo!

Con la partida de las belgas, llegó mi alivio. El alivio con el sabor más agridulce conocido. ¿Quién sería el nuevo residente del patio andaluz? ¿Cuáles sus cualidades? ¿Ladronzuelo?, ¿Glotón?, ¿Ruidoso? ¿Excesivamente sucio? La sorpresa llegó con Isabella, gaditana, reducida y enormemente feliz. En poco tiempo congeniamos y pasamos las tardes riendo, burlándonos de todo y, sobre todo, del pornojano. De quien yo aseguraba dedicaba buena parte de su tiempo de ocio al consumo de porno y el consiguiente autodisfrute. Era buena gente el pornojano. Como con Isabella, el tiempo junto a Leticia fue divertido y pasó ligero. Era canaria, se movía al ritmo del trópico y paseaba por la vida, calmada y pacífica, como sólo los “afortunados” saben hacerlo.

Parece que fue ayer y parece que ha sido un sueño largo y delicioso, del que no ha habido más remedio que despertar.

Ahora escribo frente a un balcón. Pasan coches a toda prisa, veo árboles y oigo pájaros. Esta casa es más tranquila, más silenciosa… tanto que los vecinos se molestan si me oyen cantar. Este barrio es perezoso, más oscuro, no hay macetas en las escaleras, ni niños en el patio, ni vecinos locos. Ahora cajas llenas y otras tantas vacías. Algunos remordimientos y miedos a partes iguales. Imagino que este es el precio, el paso ineludible, el único camino para aprender y hacernos mayores.